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jueves, 14 de julio de 2011

Cómprate una vida.



El reloj marcaba la 13:30, nos encontrábamos en la última clase de aquel viernes, el viernes más esperado por la mayoría de los alumnos, el viernes de fin de curso. La profesora ayudaba a que aquel tiempo tan desesperante pasara más lentamente con su descripción de un tal Quevedo. Nadie comprendía como Teresa, la profesora, nos amargara con la literatura aun siendo el último día de clases. El aburrimiento era tal, que hizo que Sonia me escribiera una nota y la lanzara a mi mesa.

Sonia es una persona muy especial para mí, pasamos la mayoría del tiempo juntos y poco a poco le he cogido tal cariño que creo que mis sentimientos ya no la ven como tan solo una amiga, aunque debo disimular muy bien, ya que nadie se ha dado cuenta. Reaccioné lo más rápido que pude, ya que Teresa, nunca perdía el tiempo con nuestros jueguecillos y nos mandaba directamente a junto el director. La fama de mala, antipática y repelente para los hombres le surge a raíz de la muerte de su marido, y a partir de ahí nadie se atreve a tocarle mucho las narices por su mal genio. 

Coloqué la libreta de tal forma que disimulara la inesperada nota, para que la profesora no se diera cuenta y la leí impaciente:

Hola Manu! Por fin, último día de curso!! Doy una fiesta hoy en mi casa para celebrarlo, te vienes? :)

Al acabar de leerla, miré a Sonia y esta me devolvió la mirada, pero no duró más de 3 segundos. Su letra era inconfundible y esa carita sonriente al final de la frase era muy propio de ella. La idea de hacer una fiesta en fin de curso era como una costumbre de nuestra clase, ya que todos los años la repetíamos, aunque nunca nos imaginábamos que podría pasar. No dudé y le conteste:

Por mi genial, a la salida hablamos y me cuentas como quedamos!

Decidí no alargarme en la contestación ni hacerle más preguntas, ya que solo quedaban unos 5 minutos escasos para que sonara el timbre y nos fuéramos a casa, a comer. Solo de pensar en comida las tripas me hacían unos ruidos impresionantes.
  ¡Riiing!

Al fin, sonaba el timbre tal y como lo hacia todos los días a las 14:00, provocando así una avalancha de ruidos y golpes, producidos por los chicos deseosos de salir de allí cuanto antes. Pero antes de que todos se fugaran de allí como liebres la profesora nos anunció:

-¡Por fin! Se acabó, bueno que os lo paséis bien en vacaciones chicos… -Tras estas palabras, Teresa soltó un suspiro de alivio mientras que veíamos la cara de satisfacción que le quedaba al cruzar la puerta de clase. Estaba visto que, Teresa tampoco se divierte mucho dándonos clase.

Sin darle demasiada importancia, en tan solo unos segundos, la clase quedaba completamente vacía, excepto yo, Vero y un gran desorden de mesas, acompañado de bolas de papel tiradas por el suelo hechas por alguien, que por lo visto se aburría más que yo. 

Verónica (Vero para los amigos), es mi "hermana", su madre y mi padre se casaron hace 5 años. Ahora vivimos los 4 juntos, en un barrio no muy fuera de lo común y en una casa grande, bonita y natural, de la que no tenemos queja alguna. Aunque no llevemos la misma sangre es sorprendente todo lo que tenemos en común. No dudamos en contarnos todo, aunque por mi parte nunca le he contado que me he enamorado de Sonia. Supongo que nunca encuentro el momento adecuado...

-Pobre del que tenga que limpiar esto-dijo por lo bajo Vero, compadeciéndose de la limpiadora a la que le tocara ese desastre.
Cogimos las mochilas y salimos de la clase (si es que en ese momento podría llamarse así…) Sin más preámbulos, mientras que bajábamos las escaleras, solté:

-¡Vero! Antes en clases, Sonia me mandó una nota preguntándome si me apetecía ir a su fiesta de fin de curso esta tarde. Te apuntas, ¿no?

-¡Sí! A mí también me lo dijo. Será divertido, como siempre-dijo contenta.

Tal y como me lo imaginaba, Sonia estaba esperándonos en la entrada para charlar sobre el asunto. No estaba sola, a su lado  se encontraba Alex, un compañero del instituto, del que no me siento orgulloso de compartir clase, y motivos no me faltan; no me gusta su forma de ser, digamos que es una de esas personas a las que, sin duda, calificarías de gilipollas sin remedio, siempre anda en problemas, aunque lo que más me molesta era que…, Sonia y el eran novios. Yo sabía que Alex no era para nada el chico adecuado. Cuando empezaron a salir juntos Sonia dejo de verse con nosotros y, llegó a tal punto que eran pocas las veces en que nos dirigíamos la palabra. Añoro los tiempos donde ella, junto conmigo y Vero éramos inseparables. 

Nos acercamos a ellos y pregunté:

-Bueno, ¿cómo quedamos esta tarde?-dije dirigiéndome solamente a Sonia he intentando hacer un vacio al acompañante…

-Quedamos en mi casa a las nueve y media, no necesitáis traer nada, ya tengo todo preparado-en el rostro de Sonia, se dejó ver una sonrisa la cual reflejaba la dulzura que poseía.

-Perfecto Sonia, pues allí estaremos -dije sin ninguna duda.

-¡Hasta después!-Se despidió Vero.

Alex ni se inmutó, pero eso no es que nos importara mucho.
Subimos al autobús. Por el camino empecé a darle vueltas a lo de Sonia y como podía soltárselo a Vero, pero ninguna forma me convencía. Decidí que era mejor esperar.

Esa tarde se volvió aburrida y lenta, a Vero y a mí se nos hizo interminable,  y la verdad es que estábamos impacientes por lo que podría pasar esa noche.

Mi hermana se puso a ver la televisión. Su programa favorito, una detective que trata de resolver los casos con unos métodos muy peculiares y entretenidos. Yo opté por buscar algo por internet con el fin de pasar el tiempo lo más ameno posible. Tras recorrer varias páginas webs, me encontré con una que me llamo la atención. Contenía un montón de cosas relacionadas con el amor; historias, horóscopo, consejos, poemas, chats… Ojeé la página detenidamente y la guardé la dirección para volver a verla en otra ocasión.
A pocas horas de la fiesta, mi única preocupación era como entablar una conversación con Sonia sin ponerme nervioso, y pudiéndola mirar a los ojos. ¿Podría hacerlo sin tartamudear? ¿Sin que las ganas de abrazarla delataran mi gran secreto?